miércoles, 19 de agosto de 2015

LA ETERNIDAD CONTRA LA HISTORIA

Cioran, Ionesco y Eliade
 
 
 
LA CLAVE RELIGIOSA DE LOS GRANDES RUMANOS
 
 
 
 Manuel Fernández Espinosa
 
 
 
 
El carácter de una nación hay que ir a buscarlo a la "inteliguentsia" que, en momentos históricos fecundos, tan frecuentemente críticos y dramáticos, es la que mejor ha  hecho patente las constantes espirituales que subyacen en su pueblo. Aquí hay que tener especial cuidado, habida cuenta de haberse depauperado el término "inteliguentsia" al restringirse a esa clase de intelectuales importadores de ideas extrañas y perniciosas para un pueblo. Aunque el término sea relativamente reciente, la intelectualidad de una nación ha desempeñado siempre una función determinante en el rumbo que una sociedad ha tomado. Obviamente, si la intelectualidad se ha vendido a ideologías artificiales y extranjeras, el efecto de la intelectualidad sobre la nación ha sido nocivo; pero si la intelectualidad ha permanecido fiel a la tradición propia de ese pueblo, entonces sí ha rendido un servicio grandioso, conservando piadosamente, custodiando y defendiendo la identidad de su nación, interpretando y dando voz a los que calladamente perpetuaron ese pueblo con sus propias y particulares singularidades nacionales. Y, a la postre, si el trabajo ha sido de rango universal, han puesto a su nación en una posición de hegemonía cultural.
 
Eso fue lo que ocurrió en Rumanía en el siglo XX. Rumanía ha dado en el curso del siglo XX una pléyade de personalidades de indiscutible categoría universal: sea el caso del filósofo E. M. Cioran, del dramaturgo Eugène Ionesco, del escritor Vintila Horia, del filósofo de las religiones Mircea Eliade. Podríamos citar a más, pero estos cuatro forman una tetrarquía de figuras intelectuales de relieve mundial, mientras que otros como Lucian Blaga, Alejandro Busuioceanu, Nae Ionescu, Mircea Vulcanescu, Constantin Noica... etcétera son personajes menos conocidos por no estar suficientemente traducidos a otros idiomas europeos o por otras ingratas razones, pero no menos fundamentales (sobre todo para sus compatriotas mencionados más arriba que sí alcanzaron la celebridad mundial).

¿Cuál fue la matriz de esta pléyade de intelectuales rumanos capaces de destacar no sólo en la cultura de su país, sino en la cultura universal? La Universidad de Bucarest se convirtió en un foco eficaz de cultura, hasta el punto que Bucarest llegó a ser llamada "la París de los Balcanes". La personalidad de Nae Ionescu, profesor de Teoría del Conocimiento, Lógica y Metafísica ejerció un influjo formidable sobre una juventud patriota. Diarios como "Cuvântul" (La palabra) o revistas como "Gandirea" (El pensamiento) divulgaron el pensamiento que se estaba produciendo en los nidos. Y una fuerza política religioso-patriótica: la Legiunea Arhanghelul Mihail (Legión del Arcángel Miguel) que se implementó en 1930 con la Garda de Fier (La Guardia de Hierro), fundada por Corneliu Zelea Codreanu en 1927, recibió a las juventudes rumanas de toda condición, haciéndole hueco a esos intelectuales que se estaban formando por aquellos años. El movimiento legionario, brutalmente reprimido por el nazismo y por el comunismo, no alcanzó sus objetivos políticos, pero sembró con la sangre de sus mártires la semilla de una Rumanía perenne y futura.

Cada uno de los de nuestra tetrarquía intelectual rumana, fraguada en el crisol de virtudes guerreras del movimiento legionario, escaparía más temprano o más tarde de una Rumanía que, nación martirizada, se convertiría en satélite de la URSS. Empezaría para ellos un éxodo que los llevó de un país a otro, hasta establecerse antes o después en Francia, en España o en Estados Unidos. Pero si algo compartieron los cuatro grandes rumanos, además de la dura escuela de ascesis guerrera del Movimiento Legionario (Nae Ionescu comparaba las ordenanzas del Movimiento Legionario con los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola), lo que tuvieron en común, además de los reveses y las derrotas, fue redescubrir el fondo de la rumanidad en un hecho que es clave para comprender la obra de cada uno de los cuatro: la aversión al tiempo histórico, la desconfianza por la historia y sus señuelos.

Toda la obra ensayística y aforística de Cioran no podría comprenderse sin ese fondo rumano. A la lucidez que reprueba toda ilusión -como bien ha destacado su traductor e introductor en España, Fernando Savater- le es solidaria la desilusión por la Historia, entiéndase bien, no la decepción de estudiar Historia, sino la decepción que sigue a todo esfuerzo por hacer Historia: "A causa de mi prejuicio en contra de todo lo que termina bien, me vino el gusto por las lecturas históricas" -dice en "Del inconveniente de haber nacido". Y podríamos ser más prolijos citándolo, pero no es nuestro propósito: quien ha leído a Cioran podrá comprobar cuánta razón nos asiste para establecer que la animadversión por el tiempo histórico está a la base de toda su producción filosófica, que tan magistralmente se demora en la podredumbre. Cioran no es existencialista, es rumano.

En el caso de Vintila Horia esta constante se hace más consciente: "Los dacios, antepasados del campesino del Danubio, creyendo en un Dios único mucho antes de la Era cristiana, no temían a la muerte, que concebían como una recompensa. Lloraban cuando alguien nacía y festejaban alegremente la entrada en la muerte, que no era para ellos sino una manera personal de liquidar la futilidad histórica y de penetrar en la seriedad de lo atemporal, es decir, en la eternidad" -escribe Horia en "Diario de un campesino del Danubio".

Y lo que rige para estos dos correligionarios rumanos es la clave fundamental de toda la magna obra de Mircea Eliade, autor sin el cual es ocioso tratar de comprender las religiones. Su vastísima erudición no parece haberla reunido sino para refrendar su profunda aversión por el tiempo histórico, redimido en el mito y el rito: "Llamamos "caída en la historia" -dice Eliade- a la toma de conciencia, por el hombre moderno, de los múltiples condicionamientos históricos de que es víctima." Y toda la investigación eliadeana se aplica al conocimiento de todas las religiones para descubrir en ellas formas por las cuales escapar a los "condicionamientos históricos", pues para Eliade: "las raíces de la libertad deben ser buscadas en las profundidades de la psique y no en las condiciones creadas por ciertos momentos históricos; dicho de otro modo, que el deseo de la libertad absoluta se encuentra entre las nostalgias esenciales del hombre, sea cual sea su grado de cultura y su forma de organización social".

Esto es algo más que un pésimo estado de ánimo transitorio -como superficialmente se entiende a Cioran. Es un anhelo apremiante de alcanzar un remanso al margen del río violento de la historia. Y hasta una estrategia para sobrevivir: "Se trata aquí -dice Vintila Horia- de una raza espiritual, me atrevería a decir, que acepta en apariencia el orden asfáltico de las ideologías, pero que continúa practicando su filosofía y su religión, estrechamente emparentadas, por otra parte" -la figura del campesino del Danubio, que Horia escogió para título de su diario, se revelaría así como una constante que a la vez puede ser cualquiera que dé la espalda a la historia con sus imposiciones y las marchas triunfales de las ideologías artificiales, pues como sabía Eugène Ionesco: "Las ideologías nos separan, los sueños y la angustia nos unen".

Es la expresión, en todos ellos, de una nostalgia infinita por un "in illo tempore" que le hace decir a Eugène Ionesco:

"El hecho de ser habitados por una nostalgia incomprensible sería, al fin y al cabo, el indicio de que hay un más allá".

sábado, 15 de agosto de 2015

NO DESPERTÉIS JAMÁS A LA SERPIENTE

Edward Bulwer-Lytton
 
 
Manuel Fernández Espinosa




WAKE THE SERPENT NOT

Wake the serpent not – lest he
Should not know the way to go, –
Let him crawl which yet lies sleeping
Through the deep grass of the meadow!
Not a bee shall hear him creeping,
Not a may-fly shall awaken
From its cradling blue-bell shaken,
Not the starlight as he's slidin
Through the grass with silent gliding.

(Percy Bysshe Shelley, 1792-1822)

NO DESPERTÉIS JAMÁS A LA SERPIENTE

No despertéis jamás a la serpiente,
por miedo a que ella ignore su camino;
dejad que se deslice mientras duerme
sumida en la honda yerba de los prados.
Que ni una abeja la oiga al arrastrarse,
que ni una mosca efímera resurja
de su sueño, acunada en la campánula,
ni las estrellas, cuando se escabulla
silente entre la yerba, escurridiza.



 



¿Sabía Shelley lo que escribía cuando compuso este poema? No lo sabremos nunca. Yo no pienso averiguarlo. Lo que sí está claro es que, con este poema Shelley nos remite a un profundo misterio del que Oriente, el Extremo Oriente, tiene el secreto.
 
Suami Vishnu Devananda (1927-1993), fundador del International Sivananda yoga Vedanta Centres, habla de la "Kundalini Shakti", de la cual dice que es "La manifestación del poder cósmico en el cuerpo y yace en un estado potencial. No es una fuerza material, sino el poder síquico y espiritual que subyace en toda materia orgánica e inorgánica, en su forma más prístina. Por su movimiento ascendente, en forma de espiral, cuando se despierta, se le conoce como el poder de la serpiente e, iconográficamente, es representado como una serpiente enroscada en la base de la columna. La ascensión de la Kundalini lleva a la unión de Siva o el estado supremo de conciencia y de iluminación espiritual".

Los esfuerzos del practicante de Hatha Yoga están encaminados a despertar la Kundalini.
 
Ese principio que yace latente y puede despertarse recibe en la tradición taoísta el nombre de "qi" (se pronuncia "chi") y, como en la tradición yóguica, el taoísmo lo relaciona con la respiración y está a la base de gran parte de su medicina. Como podemos ver se trata de algo que, prescindiendo de las imágenes propias de cada tradición religiosa, es compartido por muchas escuelas. En occidente es difícil rastrear algo parecido, pero también hay constancia de ello aunque bajo formas a veces más mostrencas. Cuando Arthur Schopenhauer identificaba el noúmeno con la "voluntad", pretendiendo haber despejado la incógnita kantiana, estaba casi rozando este misterio.
 
En occidente se aproximaría al misterio de esta fuerza desconocida el químico, naturalista y filósofo Carl Ludwig Barón von Reichenbach (1788-1869) que allá por el año 1845, en sus estudios relativos a la electricidad, el magnetismo y el calor, postulaba la existencia de lo que, con diversos nombres, denominó "fuerza odica", "fuerza odílica" o simplemente "Od", una energía vital que supuestamente residiría en todos los seres vivos: plantas, animales y seres humanos.
 
En la psicología incipiente sería Gustav Theodor Fechner (1808-1887), fundador de la psicofísica, el que se internaría con sus investigaciones en un campo que vislumbró esta energía, llevándolo a esbozar una teoría mente-cuerpo calificada como pansíquica y de la que Sigmund Freud tomaría no pocos elementos para su teoría y praxis psicoanalíticas.
 
No era sólo en los campos de la investigación científica del siglo XIX donde se estaba especulando con esta presunta "fuerza vital", principio activo de todo. La Sociedad Teosófica también contribuyó a la popularización de creencias similares, traídas de una y otra tradición religiosa de Extremo Oriente, combinándolas en un tótum revolútum.  El ocultista británico Edward Bulwer-Lytton aprovecharía ciertas nociones teosofistas para acuñar su "Vril" (nombre que Bulwer-Lytton le daría a esa extraña "energía") que presenta en su novela "The Coming Race or Vril: The Power of the Coming Race" (1871). En la Alemania de entreguerras llegaría a crearse un grupo ocultista que se denominaría Sociedad Vril o Logia Luminosa. Comúnmente se piensa que se trataba de un círculo de visionarios que creyó a pie juntillas lo que no era más que ficción literaria de Bulwer-Lytton, pero hay muchos factores como para pensar que más bien se trataba de ocultistas que estudiaban métodos para despertar la "Kundalini". Uno de los líderes de la Sociedad Vril sería Karl Haushofer (1869-1946), el único europeo admitido en la enigmática sociedad secreta japonesa llamada la Orden del Dragón Verde.
 
El polémico psicoanalista Wilhelm Reich (1897-1957) postularía por los años 30 del siglo XX la existencia del "orgón" (energía orgónica) como fuerza vital universal, pero -como vemos- no inventaba nada nuevo.
 
Estas cuestiones son frecuentemente ridiculizadas por la ignorancia que sobre ellas existe. En occidente se las ha plebeyizado con la frivolidad y grosería que se acostumbra (baste pensar en esas popularizaciones del "Kamasutra" para modernos, por ejemplo.)
 
Con mucha probabilidad el descrédito que se extiende sobre ellas forme parte de la misma estrategia de encubrirlas. Pues, como barruntó Shelley:
 
Wake the serpent not...
 
 

miércoles, 5 de agosto de 2015

CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ Y LOS HIJOS DE PUTA


D. Claudio Sánchez-Albornoz


SOBRE EL SOEZ PARLAR


Manuel Fernández Espinosa


A Don Claudio Sánchez-Albornoz no lo quiere recordar nadie. Su brava defensa de España, frente a los embelecos de ese nefasto contador de historietas llamado Américo Castro, no fue nunca instrumentalizable por los que vinieron después de muerto Franco. Fue el sabio de Ávila republicano, sí. Exiliado durante el franquismo, sí. Pero ser español y católico -a pesar de ser republicano, antifranquista y exiliado- se lo han hecho pagar caro con el ostracismo y con el olvido que se cierne sobre todo intelectual incómodo: cuando el intelectual no es incómodo, desconfiemos de su intelectualidad.
 

Por si fuese poco, D. Claudio Sánchez-Albornoz no tenía pelos en la lengua y era famoso por sus tacos, que tanto escandaliza al beaturrón espíritu de la gazmoñería. El taco, la palabrota, la interjección malsonante y subitánea, desprovista de más concepto que el de los genitales (bien sea la cojonera o el vaginatorio) son comodines de toda conversación ágil. Y qué haríamos los españoles decentes si nos privaran de esa forma compuesta de genitivo, concerniente al oficio de la madre, qué sería de nosotros si no pudiéramos espetarle un "hijoputa" al insoportable, un "hijo de la gran puta" al enemigo, un "hijo de puta" al cobarde, un "hijo de la grandísima puta" al traidor... Nos habrían desespañolizado del todo. Lo habría conseguido. Nos habrían castrado y ya no podríamos hablar de testículos.

 
Esos tacos hispánicos son, pensemos en Quevedo (el más español de los genios), tarjeta de presentación de cualquier español que se precie. En cierta ocasión, allá por 1978, escribió D. Claudio un artículo bajo el título "En torno a mis tacos castellanos" y en él defendía, contra todo el orbe de los que le reprochaban su lengua rahez, preñada de tacos, el estar en consonancia con lo mejor de nuestra tradición literaria. Y escribía:

 
"¿Me permiten ustedes recordar a Berceo? Berceo, devotísimo y piísimo cantor de vidas de santos, refiere que un obispo hizo llamar a un clérigo diciendo: "Que venga ese hijo de puta". Allá a la primera mitad del siglo XIII ya se empleaban, por tanto expresiones "audaces" sin que pestañeara el devoto poeta."

 
Por supuesto, lo ideal sería no tener que decir ni escribir ni un taco. Pero lo cierto es que, para consuelo de los que tenemos que describir el mundo, digamos que uno no tiene la culpa de que haya tanto hijo de puta.

martes, 4 de agosto de 2015

DIEGO RUIZ RODRÍGUEZ: EL SEPARATISMO NEOSEFARDITA

Portada de "El crimen de los Reyes Católicos..." de Diego Ruiz, edición en catalán.
 
 
Manuel Fernández Espinosa
 
SEMBLANZA DE DIEGO RUIZ RODRÍGUEZ
En la cultura hispánica Diego Ruiz Rodríguez es un perfecto desconocido a día de hoy. Ni siquiera el separatismo rampante lo reconoce; algún estudio académico ha reparado en él; pero no parece que nadie lo reclame como precursor (aunque bien pudiera serlo de muchas tendencias actuales como las que se ponen de manifiesto en las buenas relaciones entre Israel y algunos núcleos directivos del nacionalismo catalán). Es un tanto aventurado proponerse ofrecer una idea lo más ajustada de este personaje, pues pocos han sido los que han reparado en esta figura de la filosofía especulativa y la agitación político-intelectual. Ruiz fue un poco de todo: andaluz y catalán, español contrariado y detractor de España, catalanista “sui generis”, iniciado en sociedades revolucionarias, médico, filósofo, literato, conferenciante, agitador anarquista y, a la postre, firme partidario de la judaización de España.

Diego Ruiz Rodríguez nació en Málaga el 13 de enero de 1881 en el seno de una familia de médicos. Su padre era el médico malagueño Diego Ruiz de los Cobos y su madre fue la granadina María del Carmen Rodríguez Méndez. El progenitor abandonaría a la familia, estableciéndose hasta su muerte en Buenos Aires. Según testimonios del mismo Diego Ruiz, su padre sería el primero de sus maestros revolucionarios. La familia paterna de Ruiz Rodríguez estaba emparentada con la familia del pintor Pablo Ruiz Picasso. La falta del padre y la enfermedad de la madre explican que Diego tuviera que pasar de tutor en tutor, llevando desde pequeño una vida con paradero muy poco estable. Nacido en Málaga se trasladará luego a Córdoba, residiendo allí hasta el año 1890; más tarde pasa Granada, bajo la tutela de su tío notario, viviendo en Granada hasta 1894. Es en 1894 cuando se traslada a Barcelona para estudiar medicina, hospedándose en la casa de su tío materno D. Rafael Rodríguez Méndez. Rafael Rodríguez Méndez, nacido en Granada se había establecido en la ciudad condal allá por 1874, ocupando la cátedra de Higiene privada y pública de Barcelona, llegando a ser Rector de la Universidad de Barecelona en 1901 y diputado a Cortes en 1914, asimismo era miembro de la Logia Constancia de Gracia de Barcelona, bajo el alias de “Pasteur” y falleció en Barcelona el año 1919. Indudablemente, el hermano “Pasteur” ejerció su influencia y protección sobre nuestro filósofo.
En sus últimos años de Bachillerato, Diego Ruiz había sido condiscípulo de Eugenio d'Ors y de otras personalidades que después serían exponentes de la cultura catalana y española. Sin embargo, uno de los que más incidiría en su formación ideológica sería Luis Carlos Gaspar de Sentiñón Cerdaña (1835-1903), médico y librepensador militante de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), con quien se trataría Diego Ruiz a finales del siglo XIX. Sentiñón había sido uno de los primeros contactos del emisario de Bakunin en España, Giuseppe Fanelli, y fue indubitable mentor de Diego Ruiz Rodríguez, como también del tristemente famoso Francisco Ferrer Guardia. Sentiñón es uno de los factores fundamentales del anarquismo en Cataluña. Diego Ruiz le dedicaría a Sentiñón su libro "El crim dels Reis Catòlics i la fi de la missió de Castella" [El crimen de los Reyes Católicos y el fin de la misión de Castilla], reconociendo en Sentiñón a un segundo padre y admitiendo su magisterio revolucionario -como socialista libertario y catalanista.
Diego Ruiz Rodríguez consigue el año 1901 el título de licenciado en medicina por la Universidad de Barcelona, se doctorará por la de Bolonia en 1904. En 1902 había ganado una beca para estudiar en la Universidad de Bolonia, a la que se traslada. Durante su estancia boloñesa Ruiz reside en el célebre Colegio de los Españoles boloñés. Durante sus años de estudios en Italia es cuando afirma haber conocido al poeta y también masón Giousuè Carducci (1835-1907), el autor del "Himno a Satanás". En Bolonia Diego Ruiz Rodríguez, según sus testimonios, es iniciado en una sociedad secreta que él mismo llama en sus memorias el "Club dei Nipotini" (El Club de los Nietos), a partir de ese momento a Diego Ruiz le gustará llamarse "nieto de Carducci" y se ufana con regusto iconoclasta como "un endiablado de nuestros días".
En 1905 pasa por París, donde estudia geometría, álgebra y combinatoria, conociendo allí al filósofo Emile Boutroux. Es en 1906 cuando regresa a Barcelona, cuando publica su "Genealogía de los símbolos", obra que merecerá incluso un halagüeño juicio crítico del polígrafo D. Marcelino Menéndez y Pelayo que, aunque situado en los antípodas del pensamiento de Diego Ruiz, reconoce en Ruiz a un joven y prometedor filósofo español. Dorado Montero, Bonilla de Sanmartín y otros estudiosos de la época centrarán su atención en la filosofía de Ruiz. Ruiz sería director durante un tiempo del manicomio de Salt (Gerona), Josep Pla trae referencias sobre la impresión que causaba en quienes lo conocían: “Era un poco loco y atrabiliario […], pero sabía muchas cosas”.
Sin embargo, sus ocupaciones profesionales y filosóficas las compagina con la agitación. La actividad periodística de Diego Ruiz encuentra su cauce en "El Poble Català", “El enemic del Poble” y el semanario satírico “Papitu”. Durante los años 1906 y 1907 en las páginas de “El Poble Català” se dedica a proclamar mesiánicamente el advenimiento de un Filósofo que impondrá en Cataluña la Dictadura Espiritual.
En 1906 Ruiz se había casado con la segoviana Esperanza Menéndez Villanueva y el matrimonio tendría una hija: Gloria Ruiz Menéndez. En 1910 Ruiz ofrecerá un curso en el Ateneo de Barcelona sobre la figuras de Verdaguer, J. Maragall y d'Ors. Su esposa lo abandona allá por el año 1912, llevándose a la hija consigo. En 1913 Ruiz se traslada a París, después se instala en Italia, pero regresa a España con la proclamación de la II República. Desde 1906 a 1912 Ruiz había producido vertiginosamente ensayos de temática filosófica, psicopedagógica, artículos y hasta libros de cuentos. La labor de Ruiz es de una productividad colosal. Tras la guerra civil se exilia a Francia, falleciendo en 1959 en Toulouse.
El pensamiento de Ruiz tuvo sus adeptos en Europa y en Iberoamérica. En París llegó a existir una “Association pour l’étude de la Philosophie de l’Enthousiasme”; el filósofo alemán Rudolf Eucken (1846-1926) se interesaría por la “filosofía del entusiasmo” de Diego Ruiz, también Gerhard Weintraub le dedicaría “Die prinzipien der enthusiasmusethik nach Diego Ruiz”. En Hispanoamérica también se produjo una recepción del pensamiento ruizista que, por citar algunos casos, mentemos a E. Chipoco de Portocarrero que escribiría “Diego Ruiz: (notas de una personalidad de filósofo y médico)” para “La Semana Médica” de Buenos Aires (1915); Víctor Delfino, impulsor de la primera Sociedad Argentina de Eugenesia o el peruano Francisco García Calderón Rey (1883-1953).
LA OBRA DE DIEGO RUIZ
La ingente producción literaria (ensayística, periodística y literaria) de Diego Ruiz Rodríguez está escrita en varios idiomas: catalán, italiano, alemán, francés y castellano. La falta de atención por el personaje y su obra requiere de un exhaustivo estudio que despeje algunas de las incógnitas biográficas. En su obra bibliográfica podríamos distinguir una obra filosófica de cierta envergadura que podría presentar sorpresas y que está prácticamente por explorar y descubrir; y, por otro lado, una obra que algunos podrían calificar de “menor” que, con propósitos propagandísticos de agitación política, lo dio a conocer mucho más que como filósofo. La constante explícita que acusa Diego Ruiz Rodríguez es el “anti-españolismo”, con predominio de ideas anarquistas en sus primeros momentos, con una voluntad de romper con España bajo la capa de un separatismo catalán de vocación internacionalista y que, en la recta final de su estancia en España, termina por reclamar una refundación de España en clave judaica, que detesta la ruta seguida desde los Reyes Católicos al siglo XX y pugna por la judaización de España en lo que es presentado como una venganza contra toda la historia de España en clave católica y castellana.
Su producción filosófica más temprana se publicó en español: “Genealogía de los símbolos” y también la ambiciosa trilogía “Clavis Methodica”, dividida en tres libros: “Teoría del acto entusiasta”, “Lull, maestro de definiciones” y “Jesús como voluntad”, o lo que es lo mismo la pretendida fundamentación ruizista de la ética, la lógica y la religión respectivamente. Esta trilogía filosófica se encontraba en germen en “Genealogía de los símbolos” y se publicó en Barcelona en 1906. Sin embargo, algún ensayo, como “La guerra d’oggi considerata come una delle belle arti”, fue escrito en italiano y en 1914 emplearía el alemán para escribir, además de otros ensayos, su “Der Ueberwirbeltier” (el ultravertebrado). El catalán y el castellano los emplearía para sus artículos periodísticos, sus incursiones literarias y sus panfletos políticos.
En cuanto a su filosofía cabe decir que gira alrededor del “entusiasmo” como base de toda ética. Admitida la noticia de la “muerte de Dios” (no olvidemos que Ruiz es el nietzscheano más coherente de entre los más tempranos lectores españoles de Nietzsche), el lugar vacío lo debe ocupar el “entusiasmo”.
En casi todas sus obras panfletarias se descubre una abierta intención transgresora y subversiva, un desmesurado afán por provocar las conciencias; los títulos de las mismas son elocuentes. En 1907, por ejemplo, publicó "De la sublimidad de la blasfemia", en dos entregas para el periódico "La Publicidad". Ahí dice:

"Blasfemeu de tal manera que, després de les vostres paraules, sembli que'l món hagi d'anorrearse, o esser una altra cosa diferent de lo qu'es".

[“Blasfemad de tal manera que, después de vuestras palabras, parezca que el mundo se ha aniquilado, o sea una cosa diferente de lo que es”].
Es de suponer el estruendo que declaraciones como ésta podía provocar en la sociedad burguesa catalana que por aquellas calendas era en su mayoría católica. Pero el afán de escandalizar con exhibiciones así se iba abriendo paso a principios del siglo XX para eclosionar en las vanguardias de entreguerras. Como si el genio tuviera que mostrarse en abierta ruptura con los valores socialmente vigentes en la sociedad burguesa y una señal de la genialidad fuese la rebeldía y el exabrupto. "El genio será, así pues, para Ruiz, una nueva encarnación de Lucifer, y, como tal, se definirá por ser rebelde, prometeico, anticonformista, subversivo, etc." –dirá Assumpta Camps.
A todo esto: Ruiz había concebido un mesianismo colectivo que se encarna en una Cataluña separada de España y en la cual, según sus previsiones y deseos, se estableciera la Dictadura Espiritual de un Poeta Civil (a imagen de Carducci en Italia). Ruiz es sin duda uno de los detractores más belicosos de la España tradicional de aquel entonces. En la novela de Pío Baroja "La dama errante" (año 1908), hallamos una alusión críptica a Diego Ruiz. Baroja habla de uno de los protagonistas de esa novela suya: Nilus Brull (un personaje ficticio que presuntamente es cómplice -o "alter ego"- del terrorista ácrata Mateo Morral, el mismo que sembró de muertos y sangre las calles de Madrid el día de la boda de Alfonso XIII) y sobre ese personaje dice Baroja: "Toda idea de superioridad individual, regional o étnica halagaba la vanidad de Brull. Contaba una vez a Iturrioz, con fruición maliciosa, que uno de sus amigos, separatista, llamaba a España la Nubiana." ("La dama errante", capítulo VI).
El amigo separatista del personaje ficticio de Baroja no puede ser otro que Diego Ruiz Rodríguez, aunque Baroja silencia el nombre del médico filósofo. Para esas fechas, Diego Ruiz había acuñado el término “Nubiana” para referirse, en términos despectivos y racistas, a España. Veámoslo con sus propias palabras: "Una miopía, casi incurable ya, impide ver a la mayor parte de los españoles la trascendencia de mi obra; pues la mezquindad del alma nacional es increíble en este punto. Gineres y Posadas, unamunculus* et homunculus [...] tal es la situación de los jóvenes nubianos". "Por muchos años también seguirán ignorando esos imbéciles (y acaso por toda su vida) que se ha escrito Jesús como Voluntad, ese libro de piedad superior a todo lo que hasta ahora conocían los alegres compadres de Nubiana". Estas citas literales de Diego Ruiz son de las "Anotaciones perpetuas ordenadas para todo lector español de los libros de un filósofo humorista", prólogo que escribiera Ruiz para la versión española de 1907 de "El Anticristo" de Nietzsche. Las petulancias de su prosa, el tono megalómano y ególatra tiene un asombroso parecido a algunos pasajes de Nietzsche; tal vez, más que original, Diego Ruiz fuese, en muchas cosas como el estilo enfático y tronante, un imitador de Nietzsche.
El caso es que en 1906 -que es cuando escribe este prólogo- Ruiz tiene ya un nombre peyorativo para España: “Nubiana”, mientras que exalta la catalanidad. Pero, aquí no quedará la cosa. Diego Ruiz Rodríguez terminaría identificando al sujeto mesiánico con Israel, disculpando a Cataluña y culpando a la España de los Reyes Católicos de la expulsión de los judíos en 1492.
El masonólogo catalán Mosén Juan Tusquets calificaba a Ruiz como un “profeta laico” del judaísmo, para ello alega el libro “El crim dels Reis Católics i la fi de la missiò de Castella” (1931). Sobre esta obra polémica Tusquets añade “que [este libro de Diego Ruiz] parece una locura”, pero el mismo sacerdote reconoce que, a pesar de parecer una locura, no deja de tener “mucha miga” (sic).
En efecto, el libro (esta vez escrito en catalán), es un alegato de odio contra la España tradicional, encarnada en los Reyes Católicos (y particularmente en lo que da título al libro: el crimen de los Reyes Católicos que no es otro que la expulsión de los judíos). El libro recoge el discurso pronunciado por Diego Ruiz en el Ateneo Enciclopédico Popular de Barcelona, poco después de regresar a España tras verificarse la proclamación de la II República.
Con “El crim dels Reis Catòlics…” Ruiz denuncia un antagonismo irresoluble entre Cataluña y Castilla que, según él, “es uno de los grandes intereses de hoy –y, cierto es, Interés universal. Con la Revolución del mundo. Así y no de otra manera” (a partir de ahora, las citas literales de “El crim dels Reis Catòlics…” las traduzco directamente del catalán original al castellano). El asunto de la tensión entre Cataluña y el resto de España no es para nuestro autor una cuestión peninsular, sino que el tema adquiere una dimensión mundial en el escenario de la revolución universal.
En palabras de Diego Ruiz, la recién estrenada II República española no podrá resolver el profundo trauma que ha producido la perversión de la historia peninsular a partir de 1492:
“La solución ibérica de la angustia española es hipócrita, hábil y precaria, una solución cobarde y reaccionaria. Una solución exhumada de “Las Nacionalidades” o de las “Bases de Manresa” es inactual, disrítmica, históricamente prevaricadora, como la solución que refractarios Monarcas y Cortes imbéciles intentaría imponer, por la vía de la Unidad terrorista, una especie de Convención clérigo-burócrata- fascistoide. Ni Robespierre vestido de Borbón, ni Marx rebajado a la estatura de un Presidente de República sub-américo-federo-soviética serían soluciones. ¡Bah!”. La II República española que para Ruiz “tiene que ser una república semítica, pues ya lo es; pero bastarda” (“El crim dels Reis Catòlics…”).
La solución según Ruiz está en la re-judaización de España. Entre otras cosas Diego Ruiz propone re-nominar la Península Ibérica, olvidando el nombre de España para adoptar el de “Teshubah”, “Sefarad” o lo que nos parece un neologismo de su invención: “Iberisión”. Según afirma Ruiz: “Es el verbo de Gabirol. Él fundará la unidad de la patria. No temamos emplear, por última vez, la Fuerza. Esculpamos un Inri, definitivo, sobre la Cruz de Castilla” (Op. cit.)
En principio, lo que se insinúa en toda esta incendiaria proclama es una especie de refundación de España, renegando de todo lo que ha sido España desde los Reyes Católicos a 1931. El foco de todas las invectivas de Ruiz es Castilla en la que, según él, se concentra el odio más profundo a lo moderno: a los judíos, al capitalismo, a la modernidad y que expresó su esencia con la expulsión del “pueblo judío”. Castilla ha finalizado su misión histórica y ahora tiene que ser relevada, no sin vengar el “crimen” de la expulsión de los judíos, siendo castigada.
 “El crimen de los Reyes Católicos”, volvemos a recordarlo, está escrito en 1931, pero es imposible no advertir que en él se encuentra anunciado, enunciado y proclamado lo que, pocos años después de su publicación, sería un auténtico holocausto católico en toda España. Diego Ruiz lo vaticinaba en “Anarquismo y Judaísmo” (publicado en la revista “Ágora”, afirmando que: “Lo de España ha de resolverse sangrientamente. La única solución es la solución judía. Hay que revisar el crimen de esa Iberia romana, íntimamente unida a la obscena sedición de Jesucristo” (citado por Juan Tusquets en “Orígenes de la revolución española”).
El pensamiento antiespañol de Diego Ruiz Rodríguez puede considerarse como paradigma de todos los “nacionalismos separatistas” ibéricos; aunque su apelación al judaísmo pueda parecer una extravagancia, no lo es tanto si se tiene noticia del odio sefardita incubado y transmitido, generación a generación, contra la España que los expulsó. Ruiz es un eslabón más de la cadena de españoles (y no-españoles) que, puestos frente al enigma español, ensayaron una interpretación de España que terminó por negarla, tales fueron Américo Castro o Blas Infante (inventor del nacionalismo andaluz).
BIBLIOGRAFÍA:
Diego Ruiz Rodríguez:
“El Crim dels Reis Catòlics i la fi de la missió de Castella”, Coleccio Balague, Barcelona, 1932.
“Genealogía de los símbolos” (dos tomos), Henrich y Cía, Barcelona, 1905.
J. Ferrater Mora, “Diccionario de Filosofía” (cuatro tomos), Ariel Referencia, Barcelona, 1994.
Gonzalo Sobejano, “Nietzsche en España. 1890-1970”, segunda edición corregida y ampliada, Editorial Gredos, Madrid, 2004.
Juan Tusquets, “Orígenes de la revolución española”, Editorial Vilamala, Barcelona, 1932.
Josep Pla, “Notas y dietarios”, traducción de Dionisio Ridruejo, Gloria de Ros y Xavier Pericay, contiene: El cuaderno gris, Notas dispersas, notas para Silvia, Notas del crepúsculo, Editorial Planeta, Barcelona, 2008.
Pío Baroja, “La dama errante”, Editorial Caro Raggio, Madrid, 1995.
"La recepción literaria como instrumentalización. El caso de G. Carducci en Cataluña", Assumpta Camps, Universidad de Barcelona, en Rev. Soc. Esp. Ita. 4, 2006-2007, pp. 57, Ediciones Universidad de Salamanca.)

viernes, 31 de julio de 2015

DONCEL ANTIGUO DE UNA ESPAÑA DESGARRADA


 



 
Manuel Fernández Espinosa

 

"Si no somos capaces de extraer de la guerra civil una lección moral, ese suceso no habrá sido más que una horrible matanza."
 
 
Con estas palabras nos lo recuerda D. Eduardo García de Enterría. Así se pronunció en cierta ocasión D. Alfonso García Valdecasas. Qué lejos del revanchismo de nuestros días, cuando se invoca la guerra civil con el perverso ánimo de dividir a los españoles.

En la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, D. Alfonso García Valdecasas era un prometedor intelectual granadino, que había ganado su cátedra de Derecho Civil, impartiendo clases en la Universidad de Salamanca a los veintitrés años, para luego regresar a su Granada natal. Al calor del magisterio filosófico de Ortega y Gasset, había dimitido de su cátedra en 1929 en protesta por el trato que la Dictadura dispensaba al movimiento estudiantil que trabajaba bajo las siglas F.U.E.

A principios de 1931, siguiendo la estela de Ortega y Gasset, García Valdecasas se adhirió a la Agrupación al Servicio de la República, siendo diputado de las Cortes Constituyentes.

Entre 1931 y 1932 García Valdecasas asiste al siniestro giro que está experimentando la II República hacia posiciones cada vez más sovietizantes. Por ello mismo, en 1932 abandona la Agrupación al Servicio de la República, y viene a fundar el Frente Español. En el Frente Español figurarán personajes como María Zambrano, Antonio Sacristán, José Antonio Maravall, etcétera -lo que da muestra de la heterogénea composición de dicho grupo.

En 1933 el Frente Español se escinde entre los que quieren rectificar la República desde dentro, y los que, admirados por el triunfo del nazismo en Alemania, piensan que España puede ensayar una refundación del Estado con parámetros conservadores. García Valdecasas será uno de los que acarician la idea de la fundación de lo que llamó el gran Víctor Pradera "El Estado Nuevo". En 1933 apuesta por el "Estado corporativo", muy próximo a las posiciones de Víctor Pradera, y muy pronto entra en contacto con José Antonio Primo de Rivera.

El 29 de octubre de 1933, García Valdecasas, José Antonio Primo de Rivera y Julio Ruiz de Alda constituían, en el llamado acto del Teatro de la Comedia, la Falange. Ante unas dos mil personas, el triunvirato pronunció su discurso. García Valdecasas afirmaría después -según revela Stanley J. Payne- que a él se le había invitado a un acto de "afirmación española", ignorando lo que se traían entre manos José Antonio y Ruiz de Alda. Tal sería su sorpresa que, cuando el público lo saludó brazo en alto al modo fascista, García Valdecasas "respondió levantando los dos brazos" -según narra el ABC del 31 de octubre de 1933. A las dos semanas de aquel evento por el cual se constituía la Falange Española, García Valdecasas se casaba y se marchó de viaje de novios. A su regreso, la Falange Española estaba ya en manos de José Antonio.

García Valdecasas parecía condenado a embarcarse el primero en todo barco político, para ser el primer desilusionado. Así le pasó con la Agrupación al Servicio de la República, así le ocurrió con el Frente Español y así le ocurriría con Falange Española.
Teatro de la Comedia, en el centro D. Alfonso García Valdecasas,
flanqueado por Ruiz de Alda y José Antonio


No obstante, al término de la guerra civil, D. Alfonso García Valdecasas se embarcaría nuevamente en otra aventura, esta vez más intelectual que política. En noviembre de 1939, I Año de la Victoria, vendría a presidir el Instituto de Estudios Políticos, organismo que tenía la misión de rearmar ideológicamente a un flamante régimen fundado sobre las ruinas de una España desolada y estragada. Entre los miembros que dirigiría figuraban Melchor Fernández Almagro (gran amigo de García Lorca), Joaquín Garrigues (que había estado con García Valdecasas en Frente Español), o José Antonio Maravall. El Instituto de Estudios Políticos, dirigido por García Valdecasas, fomentó los estudios históricos, pero defraudaría las expectativas que el Régimen de Franco había puesto en él. Sin embargo, el Instituto de Estudios Políticos se dilató en el tiempo y vino a metamorfosearse en lo que, ya en la actual democracia, se hizo llamar Centro de Estudios Constitucionales.

Por si fuera poco, en 1944 Alfonso García Valdecasas era apartado de su magisterio, por sospechársele connivencias con el grupo de monárquicos que pretendía traer a D. Juan, el Conde de Barcelona, como alternativa al Nuevo Orden que encarnaba el Caudillo. Pese a este error que podemos imputarle, la figura intelectual de García Valdecasas permanece indemne cuando atendemos a su obra maestra, nos referimos a "El hidalgo y el honor", ensayo de la figura moral del Hidalgo.

Murió García Valdecasas en 1993, después de una vida entregada -aunque con yerros- al servicio de España, y por ello mismo -en los tiempos que corren- con más penas que gloria. Lo que pocos saben, y tuve el privilegio de recibir la confidencia, es que García Valdecasas tuvo parte en uno de los viajes que Martin Heidegger tenía encomendado realizar por algunos países amigos de Alemania. Pero viaje que no pudo realizarse.

En conversación privada con un veterano (que prefiere que omitamos su nombre), alguien que fue amigo íntimo de García Valdecasas, éste me refirió que, en otoño de 1943, cuando Europa se desgarraba en pleno fragor bélico, el famoso filósofo Martin Heidegger fue invitado a España para pronunciar unas conferencias. García Valdecasas había conocido a Martin Heidegger años antes en la Universidad de Friburgo. En concreto, los trabajos filosóficos que elaboró Heidegger pensando presentarlos en España fueron "La doctrina de la verdad de Platón (el mito de la caverna)", "Sobre la metafísica de Aristóteles" y "Hölderlin y la esencia de la poesía". La visita del gran filósofo alemán no pudo realizarse, debido al cariz que experimentó la suerte de Alemania en el año 1944. No obstante, estas conferencias -como decimos, hoy publicadas- fueron preparadas por el autor de "Ser y Tiempo" con la idea de dictarlas en España y Portugal.

Las ciudades españoles que estaban programadas en el viaje a España de Heidegger eran Madrid, Valencia y Granada.

Nadie mejor, para evocar a D. Alfonso García Valdecasas, que el mismo García Lorca que tanto lo apreció por el paisanaje, con estos versos:

"Alfonso pasea
por campos de trigo
lleno de granados
y de pajaritos.
Un campo de un dulce
cuadro primitivo
donde fuerte y casto,
profundo y sencillo,
pasea su pena
de doncel antiguo".

D. Alfonso, el Doncel... D. Alfonso, el hidalgo... D. Alfonso García Valdecasas, un patriota que hoy he querido recordar y homenajear. D. Alfonso García Valdecasas, un doncel antiguo en una España desgarrada.

BIBLIOGRAFÍA:

"Años de hierro. España en la posguerra 1939-1945", Pío Moa.

"De montañas y hombres", Eduardo García de Enterría.

"José Antonio Primo de Rivera", Julio Gil Pecharromán.

"Falange. Historia del fascismo español", Stanley G. Payne.

"Martin Heidegger", Hugo Ott.

miércoles, 29 de julio de 2015

ARQUEOLOGÍA FANTÁSTICA AL SERVICIO DEL FEMINISMO RADICAL

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Tendremos ocasión de ver, en este nuevo capítulo de los avances estratégicos de la "ideología de género", su versión arqueológica. La "ideología de género", como toda ideología, pugna por justificarse. En su caso trata de descubrir en el más remoto pasado el origen de la opresión masculina sobre la mujer ancestral. En una línea muy similar a la que algunos nazis realizaron bajo la dirección del esoterista ariósofo el Reichsführer SS Heinrich Himmler, las fémino-socialistas emprenden expediciones a la búsqueda de la Mujer Ancestral Oprimida y Explotada por el macho supremacista.
¿Y si no existió esta Antepasada?
Pues, no se preocupe nadie: ¡¡¡Se la inventarán!!!
¿Casualidades? ¿Parecido de familia?
Veamos este nuevo episodio de la Ideología de Género aplicada a la Arqueología Prehistórica... Por algo son progresistas.
 
 Manuel Fernández Espinosa


Claro que sí. La "ideología de género" ha estado sigilosamente creciendo como un cáncer. Los ambientes universitarios -ciertas facultades, se entiende- se han impregnado de esta desquiciante interpretación, hasta el punto de aflorar en los libros, afirmándose acríticamente, como si de un dogma se tratara. Veamos un caso.







Se trata de un libro presuntamente científico, cuyo título es "De los campamentos nómadas a las aldeas campesinas. La provincia de Jaén en la Prehistoria". Su autor es arqueólogo de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía desde 1992. El libro fue publicado por la Universidad de Jaén en 2006. Narciso Zafra de la Torre dice así:


 

"La posibilidad de heredar la tierra dentro de la unidad económica supone un gran cambio en el papel de la mujer. Si hasta entonces había circulado entre las unidades domésticas del grupo como un factor de cohesión, a partir de ese momento, su participación en la herencia de la tierra podría disolver la casa campesina. De manera que las nuevas reglas y estrategias de enlace y los mecanismos de sucesión y herencia surgen para defender la casa y asegurar su pervivencia. Para lograrlo se despojó a la mujer de sus derechos, como miembro de la familia asignándola a la casa como parte de la misma." (op. cit., pág. 178.)
 
 
Pero, hay más:
 

"Este nuevo rol de la mujer forma parte de un nuevo modelo social: el patriarcal, donde la unidad doméstica pasa a ser la casa del padre. En él el hombre desempeña también un papel orientado a la defensa de la casa: el del guerrero. La producción agraria, el comercio y todas las relaciones políticas pasan a manos masculinas, dejando a la mujer relegada al ámbito doméstico, comienza así lo que Almudena Hernando llama "proceso de individualización masculina y de ocultación social de la mujer". Según el antropólogo Claude Meillassoux en este tipo de sociedades el poder "reposa sobre el control de los medios de la reproducción humana: subsistencia y esposas"." (op. cit., pág. 179.)
 
 
La negrita es nuestra.






¿Quién es Doña Almudena Hernando Gonzalo? Quisimos saberlo. Doña Almudena Hernando es arqueóloga, profesora de Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Sabemos que sus estudios la condujeron a Guatemala, donde estuvo allá por los años 1994-1995, y a otras partes del planeta. El propósito de sus expediciones era el estudio del paso de las sociedades cazadoras-recolectoras a las de asentamiento agrícola, entre tribus aborígenes. A estos trabajos de campo -entre la arqueología y la antropología- hay que sumarles muchos otros más.

En marzo de 2005 participó, invitada por la Universidad de Granada, a un maratón de conferencias que organizó el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada con el Instituto Universitario de Estudios de la Mujer de la misma universidad. Figuraban, como principales entidades colaboradoras, el Instituto de la Mujer (del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales), el Instituto Andaluz de la Mujer (de la Consejería de Presidencia de la Junta de Andalucía) y la Facultad de Filosofía y Letras.

El tema del que versó la conferencia de Almudena Hernando fue "¿Por qué el poder parece cosa de hombres? Una hipótesis sobre la relación de las mujeres y el poder en la prehistoria". Como puede deducirse, las hipótesis es la declarada en el libro que al principio referíamos, el de Zafra de la Torre. Lo repetiremos:


"La producción agraria, el comercio y todas las relaciones políticas pasan a manos masculinas, dejando a la mujer relegada al ámbito doméstico, comienza así lo que Almudena Hernando llama "proceso de individualización masculina y de ocultación social de la mujer"."
 
 
Como puede comprobarse, las hipótesis de trabajo de la arqueología se hacen ahora en clave de "ideología de género", para tratar de demostrar -a través de la "fabulación"- el proceso por el cual, en un tiempo remoto (nada más y nada menos que la prehistoria), presumiblemente el hombre redujo a la mujer al ámbito doméstico (privado), ocupando el hombre el ámbito público (la política).






La mayor parte de actividades docentes, como las de estudio y trabajo de campo, de Doña Almudena Hernando Gonzalo están dedicadas a la misma línea de investigación. Por ejemplo, impartiendo Seminarios de Postgrado cuyo título es toda una declaración: "Arqueología, Identidad y Género".

Las tesis prehistóricas se tiñen así de ideología que no puede ser, bajo ningún concepto, en manos de estos "arqueólogos" una ciencia teórica. Pues, como bien postuló Marx, ha llegado el momento de pasar de la teoría a la praxis. Marxismo de enésima generación, pero en estado puro, aplicado a las ciencias arqueológicas.

Lo que llama la atención de todo esto es el desembolso económico -¿ningún periodista se anima a investigar este tema?, ¿no hay auditorías para controlar el dinero que se gastan nuestros políticos en estas pamplinas ideologizadas mientras nuestro patrimonio artístico se arruina?. Los gastos que comportan este tipo de actividades a las arcas públicas están por esclarecer. Que se pongan las cuentas claras, por favor, y que se argumente si tan esencial es para el futuro de España que se gaste del tesoro público un ochavo en estas bagatelas fémino-socialistas. Estos intelectuales universitarios nos podrían explicar qué es lo que nos va en sus patrañas, qué tiene que ver el dinero del contribuyente con la ingeniería social que están diseñando de espaldas a todos.

Nosotros, aquí, metemos el hurón en la madriguera... Y que otros más listos y con más tiempo y dedicación saquen la pieza. No es descabellado, por otra parte, conjeturar que la preparación y realización de expediciones etno-arqueológicas a países tan remotos, como Guatemala o Tailandia, donde también ha trabajado Doña Almudena Hernando, no tiene que ser algo barato. ¿Y cuántas serán las Jornadas, los Congresos, los Simposios, los Seminarios que, bajo la etiqueta "Arqueología y Género", se organizan en las universidades españolas? ¿A cuánto ascenderá el costo económico de estas actividades universitarias?

Lo que está claro es la participación de instituciones estatales y autonómicas, como el Instituto de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Mujer (por si no fuera bastante tener uno a escala nacional, también a escala autonómica otro) o el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y la Consejería de Presidencia de la Junta de Andalucía. El mecenazgo de cajas de ahorro, bancos y otras entidades tampoco hay que escatimarlo. Sus clientes tendrían que tomar buena nota de ello.

El presupuesto destinado para estas actividades se arranca del erario. A la postre, es de los impuestos de los españoles de donde se saca para costear estas actividades. Y aquí, les da igual que pague el cornudo consentido, que el que no tiene cuernos, la maltratada tanto como el maltratado.

Uno no puede por menos que pensar en aquellos visionarios nazis que formaban la llamada Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte Deutsches Ahnenerbe (Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana). La SS-Ahnenerbe (*) destacó eminentes y menos eminentes antropólogos y arqueólogos al Tíbet, a Tiwanaku, a Escandinavia... Para buscar el origen ancestral de los arios. Las conclusiones "científicas" de aquellos investigadores nazis se traducían a la confección de manuales escolares y universitarios en los cuales el estudiante alemán era adoctrinado en la teoría supremacista pangermánica.

¿Qué diferencia a los agentes y entidades "científicas" de la "ideología de género" fomentada por las administrciones de hoy, de aquellos "científicos" nazis?

Muy sencillo: a los nazis se lo pagaron los alemanes. Y cualquier recuerdo de aquellas peripecias es denostado en bloque, como todo lo que en el III Reich se hizo, mientras que a estas "socialistas-feministas" se lo pagamos nosotros.


NOTA (*): Son muchos los libros que sobre la Ahnenerbe se han escrito, con afán sensacionalista. "El plan maestro. Arqueología fantástica al servicio del régimen nazi", de Heather Pringle, publicado en Debate, puede ser un libro para iniciarse en el asunto. Así presenta la obra el Fnac: "El régimen nazi buscó siempre refrendar sus teorías raciales con pruebas históricas y seudocientíficas. Con ese fin, Heinrich Himmler, uno de los líderes más poderosos del SS, creó Ahnenerbe, un centro de investigación dedicado a comprobar la supremacíade la raza aria. El proyecto reunió una extraña mezcla de aventureros, místicos y respetables profesores que viajaron al Tíbet, al Ártico, a Finlandia o a Iraq en busca de los vestigios de una raza primigenia superior. Una obra reveladora y sorprendente sobre las teorías y ambiciones que justificaron el Holocausto."

domingo, 26 de julio de 2015

CLAVES LITERARIAS DEL REPERTORIO MUSICAL DE "LOS SUAVES"


 
 
LITERATURA INCONFORMISTA EN EL ROCK DURO
 
 
Manuel Fernández Espinosa
 
 
En el panorama español del hard rock podemos encontrar grupos cuyas canciones están bastante elaboradas. Es el caso del grupo gallego LOS SUAVES, formado en Orense en la década de los años 80 del siglo XX, con Yosi Domínguez a la cabeza como voz y líder. Parece ser que en diciembre del año 2014 anunciaron que en la primavera de 2015 comenzarían su gira de despedida.
 
Las letras de las canciones de Los Suaves forman una antología de la decepción y el desengaño, por lo que transmiten una visión pesimista de la vida. Las fuentes literarias en las que se inspiran son múltiples y variadas, por lo que vamos a resumir mucho destacando algunos autores que se entreveran en sus estrofas.
 
"Viajando al fin de la noche" -título de una de sus más populares canciones- es una alusión directa a ese clásico de las letras francesas, novela con la que en 1932 debutó Louis Ferdinand Céline, "Voyage au bout de la nuit" (Viaje al fin de la noche).
 
Otro escritor francés que está presente sutilmente en el repertorio de Los Suaves es Pierre Drieu La Rochelle, podemos citar para ello otro éxito del grupo: "Pobre Jugador". "Sin dinero, ya ves que no hay viaje, no hay amigos, ni sombra ni sol" es uno de los versos de esta canción que parecen inspirarse en un renglón del "Diario de un hombre engañado" de Drieu La Rochelle: "Sin dinero no hay viaje, no hay libertad".
 
Pero el autor que más parece haber fecundado las letras de Los Suaves ha sido el rumano Emile Cioran afincado en Francia. Introducido por Fernando Savater, Cioran ha corrido como la pólvora a partir de las brillantes traducciones de Savater. Los Suaves evocan el último parágrafo del "Breviaro de podredumbre" de Cioran, titulado "Quousque eadem?" en su canción "Maldita sea mi suerte" y también se deslizan renglones de Cioran en el estribillo de "Parece que aún fue ayer". Incluso en la canción "Dile siempre que no estoy" parece estar latente la anécdota que Savater cuenta cuando algunos intelectuales españoles, ante las primeras noticias que hubo de Cioran en España, llegaron a pensar que el autor rumano no existía y que, según palabras del mismo Savater "se trataba ni más ni menos que de un heterónimo que yo me había inventado". Cuando el filósofo donostiarra le escribió a Cioran: "Cioran, por aquí dicen que usted no existe", el filósofo rumano le respondió: "¡Por favor, no les desmienta!" que Los Suaves trasladan en la canción a su modo en "Dile siempre que no estoy":
 
"Si te preguntan por mí
tú di siempre que no estoy".
 
En una aproximación muy superficial podemos advertir que las letras de Los Suaves están fuertemente influidas por lo mejor de la literatura europea del siglo XX, lo cual dice mucho en su favor: otra cosa es que se compartan o no esas lecturas, las letras de este cancionero y la visión desencantada (lúcida, diría el gran mentor Cioran). Otros géneros musicales contemporáneos mucho más promocionados por el mercado musical no disponen de inspiraciones tan cultas.