viernes, 23 de octubre de 2015

ARRABALADAS

ARRABAL, MÁS QUE ARRABALADAS
 
Manuel Fernández Espinosa
 
Fernando Arrabal es un pintoresco español. Pese a levantar tan poco del suelo nunca ha dejado de destacar, que siempre dio la nota. Su exilio a Francia se convirtió en larga residencia y, de vez en cuando, nos honra con alguna visita. Su obra literaria es publicada, traducida a varios idiomas. Y, como tantas veces ha ocurrido, no ha sido profeta en su patria, sino punta de lanza de España en las vanguardias, siendo más conocido en el extranjero que en el ruedo ibérico.

Sin embargo, en España se le conoce. Y se le conoce más por sus excentricidades que por otros méritos, pues de todos es sabido que las tribus que hogaño viven en la península son menos leídas que las de antaño. Es por eso mismo que Arrabal (que no tiene ni un pelo de tonto) les ha dado a los españoles lo que los españoles quieren: espectáculo y astracanada. Muy pocos españoles hemos disfrutado leyéndolo. ¿Qué español puede decir que haya leído uno de sus libros? ¿"Pic-Nic"? ¿"Baal-Babilonia"? ¿"La torre herida por el rayo"?

No las tengo yo todas conmigo. Si tuviera que pasarle revista a usted, español, sobre las obras que ha leído de Arrabal... ¿cuál ha leído? Al menos: ¿podría decirme los títulos de sus obras dramáticas o novelas? Y tendrá que reconocerme que somos muy pocos los que formamos el reducido grupo de lectores de Arrabal. Pero si le digo que Fernando Arrabal fue aquel que en 1989 -en cierto programa de Sánchez Dragó- anunció, cual heraldo catastrofista, que "el Apocalipsis va a llegar", entonces sí. Hasta los adolescentes han visto el vídeo, aunque sea en You Tube (pinchando ahí puede verse). Allí estaba Arrabal, celebrando la ceremonia de la confusión, por poco si no se cae de la mesita central alrededor de la cual se sentaban los contertulios. Arrabal estaba en un estado etílico difícil de olvidar. Y todos reiremos aquel simpático incidente retransmitido en televisión.


Aquella proeza de Arrabal nos lo hizo prójimo. Aquellas escenas televisivas han hecho historia en nuestro corral nacional. Podemos aventurar que en aquella ocasión Arrabal no pudo culpar al cisne de haberse bebido su bodega. (Diré, para los profanos, que ese cisne es un personaje surgido del delirio que aparece en el "Laberinto Segundo" de "Arrabal celebrando la ceremonia de la confusión": un cisne que abandona el estanque y que nos pinta Arrabal bebiéndose los licores todos de su bar casero). En esa ocasión, la bodega se la había trincado el mismo Arrabal. Menuda tajada que llevaba.

Pero si lo traigo hoy a colación es por haberle visto (y escuchado) recientemente en un programa televisivo. Era el programa de El Gran Guayomin: cuando uno está aburrido es que ve cualquier cosa. El caso es que celebré encontrarme con Fernando Arrabal, aunque el "lugar" televisivo fuese tan poco recomendable. Y allí pude escucharle algo que me lleva dando vueltas desde que se lo escuché: ¿será verdad lo que contó o lo vio en alguno de sus "viajes"?

Contó Fernando Arrabal que había visto a la Virgen María (bueno, eso ya es antiguo. Lo ha contado muchas veces). Pero también contó que los anarquistas españoles, supongo que durante la transición, lo invitaron a conferenciar y que, fiel a su histrionismo (¿quién sabe si a algo más?), Fernando Arrabal dijo, ante todos los anarquistas, que él había visto a la Virgen María y que los anarquistas -él, el primero- tenían que pedir perdón por el genocidio de católicos perpetrado durante los años 30. Y dijo más Arrabal, dijo que él se puso de rodillas, delante de su auditorio, y que buena parte de anarquistas lo secundó. Y pidieron perdón por las masacres y el incendio de conventos e iglesias.

La anécdota podría pasar -para muchos- por una payasada más de Arrabal, una "arrabalada". En cambio, yo no quiero dejar pasar por alto el episodio relatado por Arrabal. Pues ora fuere un suceso realmente sucedido, ora fuere una fantasía imaginada por el estro poético de Arrabal... Sería un magnífico antecedente que recordarle a muchos, para que se aplicaran al cuento.

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